Cómo elegir el traje de novio: una guía sin afanes
Por Gloria Peláez
El error más común del novio es empezar por el color. Antes de eso hay tres preguntas que ordenan todo lo demás: ¿de día o de noche?, ¿en salón o al aire libre?, ¿formal o relajado? Las respuestas reducen el universo de opciones a un puñado de caminos sensatos.
Una boda de día en finca pide telas frescas y tonos cálidos —lino hueso, arena, café—. Una de noche en salón admite el esmoquin negro o un traje de color profundo. La luz del evento es su mejor asesora: los tonos claros premian la luz natural; los oscuros, la luz artificial.
El fit importa más que la marca de la tela. Un corte que respeta los hombros y cierra en la cintura hace que cualquier traje se vea caro. Por eso confeccionamos a la medida: no se trata de tallar, sino de construir la silueta del novio.
Llegue a la cita con dos o tres referencias visuales y la fecha del evento. Con eso basta. El resto —tela, solapa, accesorios— se resuelve probando, que es la única forma honesta de decidir.


